Festilindo, Festilindo, Qué Lindo, Qué Lindo

“Ché, ¿cuándo asume Macri?” Esta pregunta que me podría haber hecho mi tía, que no entiende un soto de política, es la pregunta que perfectamente me puedo hacer yo, que me informo y consumo la medianía en la que acontece la actividad en la Argentina, esa que es “el arte de lo posible”, que permite “transformar la realidad y hacerla más justa”.

Fuera de las consignas románticas del progresismo, que además no garantizan nada después de ser repetidas hasta el hartazgo por mercenarios profesionales, la derecha argentina intenta posicionar una nueva corriente estética. Es superadora a la pacatería golpista de la UCEDE o a la antipatía fascista de Patti y Blumberg. Se trata de un espacio interno del macrismo llamado “el grupo festilindo”. Jóvenes relajados y lindos que no hacen la previa al boliche con alcohol barato en la vereda ni se animalizan con el rock chabón. Son los que quedaron del lado de la Argentina ganadora.

Estos jóvenes – PRO responden a su madrina Gaby Michetti, y como no, como toda actividad partidaria, se enfrentan a otro grupo interno que representa Horacio Rodríguez Larreta, mano izquierda del macrismo, que sabe de recobecos y vueltos. Quizás su referente con perfil más alto es Marcos Peña, referente político ya con peso propio en el andamiaje derechista y actual Secretario General del Gobierno de la Ciudad. Marcos fue legislador porteño y trabajó en ONGS como CIPPEC y Poder Ciudadano.

Aunque dicen que esta división ya no es tan uniforme, el descalabro de la gestión y la incapacidad de la mayoría obligó a cortar el queso de manera diferente a la generacional. Pero eso no es lo importante.

A favor de ellos, decir que la derecha consiguió mas rápido que los partidos progresistas que los jóvenes tengan su lugar de representación política, rompiendo la idea de “semillero”, aunque juegan como el orto, juegan en primera. Tomar nota los partidos tradicionales argentinos, donde se sacan los ojos por carguitos irrelevantes de presidencias de juventud y otras hierbas. Los chicos de Gaby juegan en primera.

Juegan diciendo que son la “izquierda del PRO”, “macristas portadores sanos” y todas las etiquetas que puedan dejar un mensaje progre en el espacio de derecha. Con un par de discos de Calamaro, unas vacaciones en Rocha y la interesante experiencia de la UBA, de cursar con chicos de diferentes sectores sociales, fueron armando el último perfil estético de la política argentina. Esta impronta quizás sea la explicación de que profesores de filosofía como Alejandro Rozitchner (ahora retirado del espacio) vean un futuro prometedor por ese lado. Laura Alonso, actual diputada nacional del PRO violó todo manual de comportamiento de los directivos de ONGS y saltó de Poder Ciudadano a ser PRO, siguiendo los caminos de sus fundadores, a los que cualquier bondi los deja bien. A su favor, Laura acompañó el proyecto de matrimonio entre personas del mismo sexo. En definitiva, marcan el camino que para ser PRO no hace falta tener la cara de Albamonte.

Tres cuestiones explican este acontecimiento político, el lavado de cuerpo que implicó el menemismo, el surgimiento de los neo-con en Europa y cierto olor a sushi que todavía pulula por los edificios de la antigua municipalidad.

El quiebre cultural que provocó el menemismo siempre es analizado bajo el impacto devastador de las políticas neoliberales que generaron hambre y miseria, la supuesta traición al voto popular (y digo supuesta porque fue reelecto) y la corrupción sistemática que sostuvo al régimen. Hubo otra batalla estética que se perdió con el menemismo. La remera de MENEM 1995 en Punta era furor. Al mismo tiempo, Ricky Maravilla y Pocho La Pantera eran fetiche de fiestas y casamientos de alta alcurnia. Menem derrivó un muro, el del desencuentro de la oligarquía con los símbolos de los sectores populares. No quedaron ni los símbolos, Menem unía imaginariamente la pertenencia a un algo en común, a una fiesta inolvidable que unía patrones con obreros. Las señoras le afanaban los CDS a sus mucamas. Y los chicos de Martinez se animaban a ir a Cemento a ver a Divididos. La contradicción estética entre oligarquía y sectores populares se fue lavando.

El neo-conservadorismo es un movimiento que comenzó en Europa y Estados Unidos  hace unos cuantos años. Un derechismo con pizcas progresistas fue dando origen a jóvenes administradores que lanzan cantos de siernas desde el tecnicismo, la voluntad de cambiar y el buenpibismo. No son socios de la Asociación Nacional del Rifle, son casi tolerentes con algunas diferencias. No niegan el rol del Estado en algunas de sus facetas, aunque lo siguen sospechando de corrupto por naturaleza. Para los Macri, en definitiva, el Estado sigue siendo una gorda tomando mate y comiendo bizcochos de grasa arriba del teclado en las horas del laburo.

Los “Sushi” no fueron una invención periodística como denunciaba Lautaro. Eran algunos vivos de la Franja que fueron a buscar a los hijos de De la Rúa para darles soporte político e invitarlos a participar de esa alucinante experiencia que es gobernar. Lo mismo que hizo La Cámpora pero con banderitas de otro color, negando la militancia genuina, buscando atajos y cobrando peajes. Antes de su salto a la derecha ya eran cultores del Happenning, del eventismo. “Buenos Aires No Duerme”. Gestores culturales piolas. La demostración más plausible de lo snob de los nuevos cortes generacionales para hacer política. No en vano muchos devinieron en macristas e integran el banco de suplentes de los Festilindo.

Después de Menem ya no somos los mismos, Pergolini iguala para abajo. Los que militamos en política tampoco somos los mismos después de los Sushis, la red de amigos es más importante que la disciplina partidaria y tener un compañero en cada partido competitivo es una virtud. Si al mundo entero le venden gato por liebre con derechas amables, que consumen cosas parecidas a nosotros, si hasta el alcalde del PP de Madrid es el primo de Aute.

Habrá que anteponer una alternativa a tanta berretada, levantar las banderas y marchar como siempre, con más contundencia que nunca.

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Acerca de PROF. JIRAFALES

Pensador libre de la socialdemocracia argentina. Amante del Jazz y de la comida criolla.
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